Mis visitas de revisión y control a los doctores especialistas, así como la rutinaria a mi medico de cabecera, han coincidido en estas fechas con el reciente traspaso de David Villa al F.C. Barcelona. Durante las respectivas consultas, entre resultados de analíticas y emisión de recetas siempre hay un momento en que la conversación toma un giro y se habla de fútbol.
Aunque de los tres galenos, cada cual se interesa por un tema distinto, respecto a los motivos de la salida del asturiano, todos convergen en señalar si era necesario efectuar la citada operación. De esta guisa, se han originado cantidad de opiniones, tanto acordes como discordantes, entre la grey valencianista.
Parece ser que el sistema utilizado por el club en cuanto a la rapidez, cuantía económica o tasación de la operación, como la necesidad perentoria de efectuar la misma, queda como un poco confuso, oscuro, espeso o algo maquillado, tanto en su proceso como en su finalización. Me comenta uno de los facultativos que, a su criterio, si estaría estipulado todo desde la temporada anterior. A lo que le respondo que lo ignoro. Queda pues la incógnita.
La siguiente duda se centra en que pese al monto de su cuantía no se consigue cubrir la deuda antes del 30 de junio, fecha de cierre del ejercicio económico (y no 31 de junio –Presidente Manuel Llorente “dixit”-). ¿Los condicionantes venían dados por compromisos verbales pactados con anterioridad o por verdadera necesidad de tesorería? Pero quizás fue más llamativo, -comenta otro de los médicos- una de las frases manifestadas por el jugador en sus declaraciones al llegar a la sede del club en la Ciudad Condal. Recuerda que más o menos, venía a decir algo así como, que se cumplía uno de sus sueños, jugar en un club grande. Por este motivo me pregunta: ¿Acaso nosotros (Valencia CF) somos para él, el Atlético Escalerillas?
Pertenecer al Valencia Club de Fútbol es para mí más que una satisfacción, un orgullo, pero estar integrado en su plantilla, es un honor. Haber trabajado en nuestro Club cumple todos mis sueños, le contesto. Se deduce por tanto que para “El Guaje” no es grande el club que acaba de dejar o también puede entenderse que sus sueños no las había cumplido todavía. Un mar de preguntas, de lagunas, de dudas, que quedan sin respuesta por su parte. Añadir que además se ha despedido a la francesa, según tengo entendido.
La intervención del último galeno se remite a los besos al escudo. Y comenta: “Cuando el tejido de la zamarra roza con la epidermis del pectoral izquierdo puede que el jugador cambien de chip tan rápido que dándole un giro radical al subconsciente y como cuando se encuentra en el área de meta, cual killer del gol, remata a la red sin remisión para el arquero, de la misma forma -continúa diciendo- que puede cambiar su reflejo y pensar que va de paseo, vestido de bonito y que en su americana lleva ubicada la billetera en el mismo lugar.” ¿Casualidad?
A continuación el facultativo, me comenta una anécdota de su tiempo. Había -dice- un spot de lámparas, creo que incandescentes, que en el descanso de los cines en sesión continua, proyectaba la secuencia de un individuo que con la lámpara se daba una torta de aúpa y, cayendo al suelo, se levantaba rápidamente y exclamaba: “¡No pasa nada! Lámparas Metal.” Pues eso, no pasa nada. Bon vent i barca nova para el delantero centro.
- ¿Y la despedida?
- ¿Qué despedida?
- La del jugador. ¿Qué jugador? ¡Ah sí! Ya se lo he dicho: a la francesa.
- Pero… ¿y el cardio?
- ¿El qué?
- El corazón.
- El mío muy bien, doctor. Muchas gracias.
Buenos días.
Vicente Balanzá tiene el carnet de entrenador nacional y es comentarista y analista radiofónico.
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